Los auténticos cracks, los fuori di clase como los llaman los italianos, los superstars, demuestran que lo son cuanto más alta es la exigencia competitiva. Luis Alberto Scola, a quien los Rockets de Houston le extendieron contrato por cinco temporadas y U$S 47 millones, es la máxima estrella del Mundial, eclipsando a otras figuras de enorme talla. Y no sólo es capaz de batir marcas para un jugador argentino o ser el goleador del campeonato: es el estandarte indiscutido de una Selección que sufre ausencias significativas (Ginóbili, Nocioni), pero que sigue impregnada de ese espíritu guerrero combinado con la calidad que la llevó a ser N° 1 del básquet FIBA. Ayer, en el mejor partido del torneo, volvió a hacernos sentir inmensamente orgullosos de su juego.